Deberán presentarse a declarar el próximo jueves 24 de febrero José David Estrada Guadalajara, México (22 febrero 2011).- La Dirección de Asuntos Internos de la Policía de Guadalajara ya notificó personalmente en sus domicilios a los dos policías que están involucrados en el robo de un Iphone al ciudadano Jorge de la Cueva, quien los descubrió porque uno de ellos subió su fotografía a su cuenta de Twitter. "Se van a presentar apenas a declarar, entre el 18 y el 19 de febrero en la noche ya los notificamos en sus domicilios", informó Alejandro Serrano, titular de Asuntos Internos. "Lo que sigue es que comparezcan a manifestar ahora sí que su verdad de los hechos que se denuncian". La fecha en la que deberán presentarse a declarar los elementos Luis Fernando Mena Quezada, quien subió su foto al Twitter de De la Cueva, y Rodrigo Ornelas Coronado, es el próximo jueves 24 de febrero. La declaración ante Asuntos Internos tiene que ver únicamente con el procedimiento administrativo para determinar si se da de baja a los dos elementos de la Corporación tapatía. El proceso penal, que integra la Procuraduría General de Justicia del Estado, es independiente, pero la última información disponible era que dicha dependencia estatal había tratado de ubicar a los agentes acusados de robo y no los había encontrado. Aunque el robo es un delito que permite la libertad bajo fianza, cuando éste es cometido por un funcionario público adquiere el carácter de grave y no permite dicho beneficio. Hora de publicación: 12:25 hrs. | ||||||||
martes, 22 de febrero de 2011
Encuentran a policías rateros de Iphone
lunes, 21 de febrero de 2011
Pide Emilio alternativas de movilidad
| Pide Emilio alternativas de movilidad |
Emilio González Márquez, Gobernador de Jalisco. Foto: Archivo | ||||
Francisco de Anda
Guadalajara, México (21 febrero 2011).- Ante el rechazo de ingenieros y arquitectos a la realización de la Vía Express, el Gobernador Emilio González Márquez recordó que a la Zona Metropolitana de Guadalajara le urgen soluciones en materia de movilidad, por lo que invitó a quienes están en desacuerdo con este proyecto a que propongan otras medidas.
"Yo he estado proponiendo alternativas, las que los técnicos nos dicen que son viables, pero, a final de cuentas, las cosas no se hacen en contra de la población", dijo González Márquez entrevistado luego de visitar un establecimiento que forma parte del Programa Mi Tienda Panamericana en Jardines de la Cruz.
"Lo que yo le pediría a quienes creen que esta no es una alternativa viable, que nos propongan alternativas, que estén dentro de nuestro presupuesto y hacerlo. Si el Colegio de Ingenieros, si el Colegio de Arquitectos tienen una propuesta viable qué hacer, yo digo que sí y me pongo a trabajar".
El Mandatario se dijo desesperado ante el rechazo de algunos sectores hacia todo lo que propone el Gobierno del Estado y, mientras más tiempo pasa, los recorridos en la ZMG se incrementan.
"Yo cada vez pierdo más tiempo en la calle y me parece que con una ciudad caótica que tenemos en movilidad, lo que se necesitan son propuestas y que las discutamos con tranquilidad para que lleguemos a consensos y empecemos a hacer algo", manifestó el Gobernador.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Abusivo y tonto
| http://www.mural.com/editoriales/comunidad/574/1146906/ |
16 Feb. 11
Si en verdad les interesara dar una prueba de coherencia y firmeza en el cumplimiento de sus responsabilidades, tanto el Presidente Municipal de Guadalajara, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, como el director de la Policía tapatía, Servando Sepúlveda Enríquez, deberían ser los primeros interesados en que se les aplicara con todo rigor la ley a los policías corruptos que sean denunciados por sus víctimas, de tal manera que sin excusas, pretextos y consideraciones cómplices, pagaran con cárcel sus abusos.
En Guadalajara hay un policía ladrón, al que no atraparon por corrupto, sino por tonto. Acusado de robar un iPhone, la misma persona que sufrió el abuso lo identificó cuando el gendarme subió su propia foto a Internet para ilustrar el perfil de Twitter de su víctima.
El gendarme delincuente y su pareja, amenazaron al ciudadano agredido con sembrarle una bolsita con cocaína si se resistía a ser despojado, la madrugada del pasado domingo 13 de febrero, según denunció el afectado.
Esta es una buena oportunidad para que el Gobierno de Guadalajara establezca un sano precedente y castigue a los dos policías ladrones, para probar que no solapa abusos, corruptelas y complicidades.
Deberían poner atención a lo que dice la gente común en las redes sociales y en algunos sitios de Internet como mural.com, en donde se exhibe la información de este incalificable abuso, pequeña muestra de muchos tantos que diariamente se perpetran en la zona metropolitana.
Un ciudadano advierte: "¿Por qué siempre que se comprueba que un 'policía' o un empleado del gobierno o un 'servidor público' comete un delito, la declaración de los responsables o superiores es que el elemento será dado de baja? Darlo de baja debería ser solamente consecuencia de un proceso penal donde termine en la cárcel por el delito que cometió. Por ser 'servidores públicos' deberían tener penas más severas, por abusar de su autoridad. Darlo de baja por cometer un delito es casi como premiarlos y dejarlos ir a donde pueda seguir cometiendo más delitos".
Otro lector dice: "¿Y esos son los que supuestamente nos cuidan? ¿Esos son lo que están en contra del crimen? cuando los criminales son ellos.
Desgraciadamente para nosotros los ciudadanos, los delincuentes están infiltrados hasta en la sopa de nuestras autoridades, llámense Magistrados federales, Magistrados estatales, jueces de distrito, jueces del fuero común, policías investigadores, policías federales, municipales, estatales.
Todo está podrido, es una desgracia la estrategia de nuestro Presidente, atacar al crimen de manera frontal cuando todos los órganos de Gobierno están coludidos con el crimen".
Una opinión más: "Que no sólo lo exhiban y lo destituyan, sino que lo refundan en la cárcel. No sé a quién le temo más, si a los policías o a los rateros, que a fin de cuentas son lo mismo. Hace como cinco meses iba manejando después de dejar a mi novia, luego de celebrar el cumpleaños de un amigo. Me pararon para una revisión de rutina, me esculcaron la cartera y me robaron 200 pesos. Me di cuenta a las dos cuadras y al volver ya se habían ido y no apunté nada, por eso no denuncié. Si se hiciera una limpia de todos los policías que han abusado de su autoridad no quedaría uno solo".
La sociedad tiene razón en desconfiar de sus gobernantes y de sus policías, pues lo más común es que no se sancione con severidad a los corruptos y que éstos sigan libres cometiendo delitos.
pedromellado@gmail.com
lunes, 14 de febrero de 2011
sobre el código aristotélico
| EN EL DEBATE Código de ética... o de imagen |
13 Feb. 11
Enrique Alfaro
La honestidad, la austeridad, la responsabilidad y el compromiso institucional en la administración pública son elementos fundamentales para asegurar su buen funcionamiento. La eficiencia en la gestión pública se alcanza cuando existen buenas prácticas por parte de los funcionarios y servidores públicos, cuando hay un uso responsable de los recursos, cuando se gasta menos en burocracias y más en las necesidades de la población, cuando se evitan los excesos y el derroche, cuando se combate la corrupción con determinación. No es posible construir un gobierno que cumpla su función si los servidores públicos no hacen suyo el compromiso de no fallarle a la gente; si quienes tienen la responsabilidad de servir se extravían en la ambición, la banalidad y las mieles del poder.
En ese sentido, me parece interesante que el Gobierno de Guadalajara, a un año de haber iniciado su gestión, plantee este tema como una prioridad a través de un código de buena conducta, dado a conocer por el periódico MURAL en días pasados.
Sin embargo, al leer el documento, llama la atención la manera en que las nociones básicas del servicio público se presentan como un asunto superficial más relacionado con cuidar la imagen del Presidente Municipal que con un esfuerzo institucional por mejorar el desempeño del Gobierno.
Para explicar mi argumento pongo algunos ejemplos. En el punto 1 se lee que "los servidores públicos comen o botanean sobre su escritorio en horario de trabajo, lo cual es reprobable e intolerable en este 2011". Al margen de lo ridículo de la recomendación, que implica un asunto de civilidad elemental, cabe preguntarse si esta práctica estaba bien el año pasado o en el 2012.
El buen comportamiento del servidor público debe entenderse como una directriz permanente del ejercicio de gobierno y no como una recomendación que adquiere relevancia en un momento específico. Al decir "en este 2011" parece que sólo se trata de una instrucción para cuidar la imagen en la medida en que se aproximan las elecciones, cosa que se refuerza si agregamos lo que dice el punto 18: "se pide cuidar la imagen del Presidente aún por encima de la nuestra", o el 7: "se garantice el lucimiento de la obra o evento así como de la imagen del Gobierno y del C. Presidente Municipal".
Por otra parte, no entiendo qué relevancia en términos de mejorar el trabajo del gobierno tiene, como dice el punto 4, que "cada Secretaría del Gobierno Municipal deberá de implementar el envío de onomásticos". ¿Enviar tarjetas de cumpleaños es una buena práctica o un simple desperdicio de papel? Tampoco entiendo el tono caritativo del punto 8 respecto a la sociedad civil organizada, "la gente que trabaja día a día en mejorar la ciudad está ahí. No se pierde nada con escucharlos". Eso podría entenderse, en el mejor de los casos, como bondad absoluta, no como una práctica de gobierno que busca inclusión e interacción.
Para rematar, la indicación temeraria del punto 21: "Se solicita que durante 2011 los servidores públicos se abstengan de comprar vehículos de lujo". ¿No sería más correcto decir "Se prohíbe robar"? Porque si un servidor público tiene dinero para comprar un auto de lujo, está en todo su derecho de hacerlo aunque "dañe la imagen del Presidente". El problema es cuando esos lujos son cimentados en la corrupción, abuso de autoridad o pago de favores.
Creo firmemente que el buen comportamiento del servidor público debe entenderse como una responsabilidad social y un acto de congruencia. En el Gobierno de Tlajomulco, desde el inicio de la gestión, asumimos la tarea de consolidar mecanismos de combate a la corrupción, políticas de austeridad y normas formales aprobadas por el Ayuntamiento para hacer más eficaz el trabajo de la administración. Así entendemos que se puede transformar el servicio público, más allá de las coyunturas mediáticas y la búsqueda desenfrenada por construir imagen.
La postura del Gobierno de Guadalajara me parece meritoria. Incluso creo que Jorge Aristóteles tiene toda la intención de mejorar el trabajo de su gobierno. Pero creo que pensar en lineamientos de buena conducta no debe limitarnos a considerar sólo los costos políticos o escándalos mediáticos. Debemos asumir que las buenas prácticas del servidor público son un compromiso y un acto de congruencia; un ejercicio de responsabilidad social, y no algo que cuidar para que no "se empañe" nuestra imagen.
Presidente Municipal de Tlajomulco
Óscar Humberto Castro
El pasado 10 de enero la Secretaría Particular del Gobierno Municipal de Guadalajara emitió el Oficio 00167/2011 con "23 indicaciones de carácter ético-profesional", el cual fue ventilado durante la semana en medios de comunicación bajo el título Código Aristotélico.
Resulta que nos enteramos sólo parcialmente de los disparates del oficio en cuestión. Hay que leerlo completo para confirmar el bajo nivel de la política local, el desbarajuste que reina al interior del equipo de funcionarios municipales y su postura real frente a la ciudadanía, la gestión pública y la responsabilidad de gobernar. En el susodicho código es la ética de la imagen la que manda. Juzgue usted algunas de sus normas más conspicuas.
El punto ocho esboza una estrategia para lidiar con ciudadanos incómodos: "Mejoremos nuestra vinculación con las Organizaciones No Gubernamentales de nuestra ciudad. Mucha de la gente que trabaja día a día en mejorar la ciudad está ahí. No se pierde nada con escucharlos". Leyó usted bien. No es que estos ciudadanos puedan tener de su lado la razón. Lo relevante aquí es que son fáciles de engañar haciendo como que se les escucha. Prometer no empobrece, es cumplir lo que aniquila. Finalmente el dinero de los contribuyentes es el que financia tediosas horas de escuchar sus preocupaciones y necesidades.
Más importante aún que los ciudadanos, es el proyecto personal del ambicioso en turno. El anónimo redactor lo declara con desfachatez en el punto 15: "Como servidor público en Guadalajara representas no solamente a un gobierno sino a un proyecto... Nuestra actuación fuera del ámbito laboral, también es (sic) sujeta de revisión por parte de diversos actores que no convergen con nuestro gobierno." Y por lo visto ese importante proyecto puede estar en riesgo por culpa de actores que se fijan en minucias tales como el comportamiento de algunos servidores públicos que en la primera oportunidad se escapan de sus obligaciones para volar a Las Vegas o compran automóviles insultantemente costosos.
Para tranquilidad de todos, el código está consciente del costo mediático que esto representa. Por eso, con toda candidez amonesta en el punto 6: "Durante el 2010 fue el Presidente Municipal quien asumió, sin ser lo más rentable, la responsabilidad de acudir a defender temas propios de las Secretarías. Hoy la dinámica debe ser distinta...". Por lo visto, el Alcalde ya se cansó de andar esclareciendo chismes y apagando infiernillos. Para que quede bien claro, el punto 18 abunda al respecto: "... es tiempo de cuidar la imagen del Presidente, aun por encima de la nuestra. Se pide su apoyo para vigilar este detalle en la dependencia a su cargo".
Y es en este detalle, la imagen del Presidente, donde radica la verdadera importancia del código. Los servidores públicos son solamente un medio para alcanzar tan ansiado proyecto, como se lee en el punto 3: "Cada funcionario de primer nivel se constituye como un abrazo (sic) del C. Presidente Municipal, por ello, se solicita...ubiquen a aquellos actores relevantes de la ciudad con los cuales el C. Presidente ... sea necesario ... que comparta un desayuno o comida para mantener alguna charla privada". Así, sin disimulos ni hipocresías, la instrucción es identificar a actores estratégicos y gestionar cómo arrimárselos al Alcalde. Al diablo las obligaciones de gobierno: ahorita lo que importa es agendar desayunos y comidas para mantener charlas privadas (hasta que estas se hagan públicas en fugas subsecuentes). Para potenciar el efecto, la Secretaría Particular tiene una táctica ingeniosa, según se desprende del punto 4: "cada Secretaría del Gobierno municipal deberá de implementar el envío de onomásticos (sic) a todos aquellos actores... que con motivo de los temas de su dependencia, tenga una interacción o relación permanente o temporal". Si por onomásticos debemos entender regalitos, es posible que la táctica nos salga algo cara, así que se agradecería una tabla con costos límite para tales "onomásticos", pues nuestros comprometidos funcionarios pueden caer en excesos de generosidad.
En fin, el Código Aristotélico no tiene desperdicio. Es un manual para socializar entre su equipo una ética de la imagen digna de Chespirito. Y no seamos inocentes: alguien se tomó la molestia de filtrarlo para que medios y ciudadanos pudiéramos darnos un festín con semejantes dislates. La paradoja está en que siendo esta ética política la que más daño nos hace, no sea objeto de ningún código.
Académico del ITESO y miembro del Congreso Ciudadano de Jalisco
lunes, 10 de enero de 2011
Hacen oficial ciclovía ciudadana
| Hacen oficial ciclovía ciudadana |
Diego Monraz, titular de la Secretaría de Vialidad y Transporte. Foto: Archivo | ||||
Andrés Martínez
Guadalajara, México (10 enero 2011).- La ciclovía que ayer fue pintada por grupos ciudadanos en Avenida Santa Margarita, en Zapopan, hoy se volvió oficial.
Diego Monraz Villaseñor, titular de la Secretaría de Vialidad y Transportes, informó que debido a que las ciclovía está contemplada en el Plan Maestro de Movilidad No Motorizada, por lo que cuenta con sustento técnico y social, el Gobierno del Estado respaldará la iniciativa, mejorando su diseño y equipándola con señalética.
"Es necesario que hagamos esto para que, entonces, quede reconocida oficialmente como una ciclovía", manifestó el funcionario.
"Si el día de mañana se estaciona un vehículo sobre la ciclovía, será sancionado como tal por la invasión de una vía exclusiva, (estableceremos) límites de velocidad, señalamientos".
A pregunta expresa, Monraz Villaseñor señaló que todas las ciclovías contempladas en el Plan Maestro que realiza la ciudadanía, si están bien hechas, serán respaldadas por el Ejecutivo estatal.
lunes, 22 de junio de 2009
El malestar ciudadano
René Delgado (mural 200609)
Cuando el debate de una campaña electoral lo nutre ejercer o anular el voto, se entiende que la distancia entre ciudadanos y partidos está cerca de una fractura.
En ésas estamos y ese debate se ha tratado de ridiculizar -ahí está el payaso de Vicente Fox, calificándolo como "una jalada"- o de neutralizar con foros o promesas notariadas pero, en el fondo, se desprecia por los partidos: en vez emprender ahora una acción legislativa clara y contundente, se ha pretendido hacer creer que próximamente la ciudadanía será tomada en cuenta.
Pese a la desesperación supuesta en la anulación, los partidos no se conmueven. Saben que con muchos o pocos votos, legitimados o no, tendrán sus curules y, entonces, no ven por qué atender el malestar ciudadano.
El peligro de vaciar la democracia es que, esta vez, ese acto de repulsa es consciente, exige ir a la casilla y, ahí, dejar constancia de que no hay elección posible, y se da en una atmósfera sobrecargada por la violencia desplegada por los factores reales de poder -criminales o no- que, al reconocer la fragilidad del momento, aprovechan para apresar las instituciones nacionales y el Estado de Derecho.
* * *
Muy vieja data tiene el divorcio entre ciudadanía y partidos y, a pesar de los peligros que entraña para la solución pacífica y civilizada de las diferencias, los gobiernos y los partidos lo ignoran o, peor aún, lo agravan.
A excepción de la reforma política de finales de los 70, las demás han sido simples ajustes electorales. Esas otras reformas han puesto la energía y el esfuerzo en los derechos de los partidos, pero no en sus obligaciones y, desde luego, han menospreciado los derechos ciudadanos.
Sin duda era importante que el voto fuera contado y contara, pero eso no bastaba ni basta. Todos los demás instrumentos de participación ciudadana -excepción hecha del acceso a la información- fueron escamoteados. Los partidos se esmeraron en elevar a los mexicanos con mayoría de edad al rango de electores, pero no de ciudadanos.
Las mil y un reformas de Estado cacareadas durante los últimos años nunca rebasaron el nivel electoral. Abordaron, como de si abalanzarse sobre un botín se tratara, las reglas para repartir el poder entre los partidos; y despreciaron, como si de residuos tóxicos se tratara, las reglas para rendir cuentas a la ciudadanía sobre el ejercicio de ese poder. Más de dos décadas se ocuparon en ajustar el porcentaje para el registro de los partidos, en aumentar sus prerrogativas, en integrar los órganos regulatorios, en normar su propaganda... pero siempre se dejó para otra ocasión ampliar la participación ciudadana.
* * *
A esa conducta se agregó otra más peligrosa. Fincar las campañas electorales en la confrontación y la polarización ciudadana sin preocuparse, después, por reponer puentes de entendimiento entre ella.
En el 2000 pasó desapercibido ese peligro porque se decidió pagar el precio de la alternancia pero, luego, el foxismo no quiso ni supo convertir la alternancia en alternativa para consolidar la democracia. Desperdició la oportunidad de transformar el poder y rediseñar el régimen.
Luego, en el 2006 se echó mano del Estado de Derecho para eliminar a un adversario así como del discurso de los pacíficos contra los violentos, de los criminales de cuello blanco contra los pobres pero honestos. Ahora, el partido en el Gobierno no tiene empacho en presentar la elección como la opción de estar con o contra el crimen y de usar el combate a éste como instrumento de campaña.
A la ciudadanía se le ha confrontado poniéndole un cuchillo entre los dientes para que salga a encarar al otro -su vecino, su paisano, su compañero de trabajo- como el causante de que el País no salga del agujero a donde lo han llevado los partidos.
Incapaces de resolver sus diferencias, los partidos las trasladaron a los ciudadanos hasta generar un profundo desencuentro nacional.
* * *
Desinteresados en legitimarse en las urnas sobre la base de darle contenido ciudadano al continente que son los partidos, los Gobiernos emanados de esas elecciones han recurrido a otros instrumentos para consolidarse en el poder.
Si a Salinas el quinazo le vino como anillo al dedo, Calderón vio en el crimen organizado al enemigo común al que la nación en su conjunto y sin chistar tenía que hacerle frente. Así, sin estrategias ni planes, se ha embarcado a la Nación en una y otra aventuras.
Ahora mismo, aun cuando se exhiben como trofeos de caza las detenciones, los decomisos, las incautaciones y los operativos, el resultado de esa aventura no es muy alentador: el autoritarismo cobra fuerza, la violencia aumenta y la garantía a la integridad, el patrimonio y la seguridad de la ciudadanía sigue siendo una quimera.
Hasta el lenguaje ha sido trastocado por la violencia. Los encobijados, los encajuelados, los ejecutados, los decapitados, los cocinados y, ahora, después de ver los cuerpos aparecidos en Uruapan, los destrozados... son palabras de uso corriente. El grado de la violencia exhibe el nivel de impunidad prevaleciente, no la victoria del Estado de Derecho.
* * *
Sin reformar el poder, sin legitimarse en las urnas, polarizando a la gente e integrando la violencia a la costumbre, Gobiernos y partidos se han echado en brazos de los factores reales de poder al precio de soltarles las riendas de su voracidad.
Como a esos factores de poder, Gobiernos y partidos no pueden dispensarles trato criminal porque, a fin de cuentas, se han asociado con ellos para sostenerse al frente de las instituciones, el chantaje, la imposición, el privilegio, la transa y la arbitrariedad se han convertido en la forma de entendimiento con ellos. Sin relleno ni respaldo ciudadano, Gobiernos y partidos sucumben ante esos factores de poder y, por lo mismo, sacrifican los intereses nacionales en favor de los intereses particulares de sus patrocinadores.
* * *
Hasta hoy, los anulistas no han conseguido nada. El canto de los partidos asegurando tenerlos presentes es música de fondo. Deben sostener y aumentar la presión hasta arrebatar, antes del 5 de julio, la convocatoria a un periodo extraordinario a realizarse por la actual Legislatura. Es ahora, no mañana. Exigir una acción legislativa clara, contundente y asertiva -se antoja, la reducción del número de integrantes del Congreso de la Unión, con aplicación al 2012- para, entonces, votar en vez de anular el voto.
Hay tiempo, poco, para darle contenido ciudadano al continente de los partidos. Otra cosa es fijarle fecha a la fractura.
Cuando el debate de una campaña electoral lo nutre ejercer o anular el voto, se entiende que la distancia entre ciudadanos y partidos está cerca de una fractura.
En ésas estamos y ese debate se ha tratado de ridiculizar -ahí está el payaso de Vicente Fox, calificándolo como "una jalada"- o de neutralizar con foros o promesas notariadas pero, en el fondo, se desprecia por los partidos: en vez emprender ahora una acción legislativa clara y contundente, se ha pretendido hacer creer que próximamente la ciudadanía será tomada en cuenta.
Pese a la desesperación supuesta en la anulación, los partidos no se conmueven. Saben que con muchos o pocos votos, legitimados o no, tendrán sus curules y, entonces, no ven por qué atender el malestar ciudadano.
El peligro de vaciar la democracia es que, esta vez, ese acto de repulsa es consciente, exige ir a la casilla y, ahí, dejar constancia de que no hay elección posible, y se da en una atmósfera sobrecargada por la violencia desplegada por los factores reales de poder -criminales o no- que, al reconocer la fragilidad del momento, aprovechan para apresar las instituciones nacionales y el Estado de Derecho.
* * *
Muy vieja data tiene el divorcio entre ciudadanía y partidos y, a pesar de los peligros que entraña para la solución pacífica y civilizada de las diferencias, los gobiernos y los partidos lo ignoran o, peor aún, lo agravan.
A excepción de la reforma política de finales de los 70, las demás han sido simples ajustes electorales. Esas otras reformas han puesto la energía y el esfuerzo en los derechos de los partidos, pero no en sus obligaciones y, desde luego, han menospreciado los derechos ciudadanos.
Sin duda era importante que el voto fuera contado y contara, pero eso no bastaba ni basta. Todos los demás instrumentos de participación ciudadana -excepción hecha del acceso a la información- fueron escamoteados. Los partidos se esmeraron en elevar a los mexicanos con mayoría de edad al rango de electores, pero no de ciudadanos.
Las mil y un reformas de Estado cacareadas durante los últimos años nunca rebasaron el nivel electoral. Abordaron, como de si abalanzarse sobre un botín se tratara, las reglas para repartir el poder entre los partidos; y despreciaron, como si de residuos tóxicos se tratara, las reglas para rendir cuentas a la ciudadanía sobre el ejercicio de ese poder. Más de dos décadas se ocuparon en ajustar el porcentaje para el registro de los partidos, en aumentar sus prerrogativas, en integrar los órganos regulatorios, en normar su propaganda... pero siempre se dejó para otra ocasión ampliar la participación ciudadana.
* * *
A esa conducta se agregó otra más peligrosa. Fincar las campañas electorales en la confrontación y la polarización ciudadana sin preocuparse, después, por reponer puentes de entendimiento entre ella.
En el 2000 pasó desapercibido ese peligro porque se decidió pagar el precio de la alternancia pero, luego, el foxismo no quiso ni supo convertir la alternancia en alternativa para consolidar la democracia. Desperdició la oportunidad de transformar el poder y rediseñar el régimen.
Luego, en el 2006 se echó mano del Estado de Derecho para eliminar a un adversario así como del discurso de los pacíficos contra los violentos, de los criminales de cuello blanco contra los pobres pero honestos. Ahora, el partido en el Gobierno no tiene empacho en presentar la elección como la opción de estar con o contra el crimen y de usar el combate a éste como instrumento de campaña.
A la ciudadanía se le ha confrontado poniéndole un cuchillo entre los dientes para que salga a encarar al otro -su vecino, su paisano, su compañero de trabajo- como el causante de que el País no salga del agujero a donde lo han llevado los partidos.
Incapaces de resolver sus diferencias, los partidos las trasladaron a los ciudadanos hasta generar un profundo desencuentro nacional.
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Desinteresados en legitimarse en las urnas sobre la base de darle contenido ciudadano al continente que son los partidos, los Gobiernos emanados de esas elecciones han recurrido a otros instrumentos para consolidarse en el poder.
Si a Salinas el quinazo le vino como anillo al dedo, Calderón vio en el crimen organizado al enemigo común al que la nación en su conjunto y sin chistar tenía que hacerle frente. Así, sin estrategias ni planes, se ha embarcado a la Nación en una y otra aventuras.
Ahora mismo, aun cuando se exhiben como trofeos de caza las detenciones, los decomisos, las incautaciones y los operativos, el resultado de esa aventura no es muy alentador: el autoritarismo cobra fuerza, la violencia aumenta y la garantía a la integridad, el patrimonio y la seguridad de la ciudadanía sigue siendo una quimera.
Hasta el lenguaje ha sido trastocado por la violencia. Los encobijados, los encajuelados, los ejecutados, los decapitados, los cocinados y, ahora, después de ver los cuerpos aparecidos en Uruapan, los destrozados... son palabras de uso corriente. El grado de la violencia exhibe el nivel de impunidad prevaleciente, no la victoria del Estado de Derecho.
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Sin reformar el poder, sin legitimarse en las urnas, polarizando a la gente e integrando la violencia a la costumbre, Gobiernos y partidos se han echado en brazos de los factores reales de poder al precio de soltarles las riendas de su voracidad.
Como a esos factores de poder, Gobiernos y partidos no pueden dispensarles trato criminal porque, a fin de cuentas, se han asociado con ellos para sostenerse al frente de las instituciones, el chantaje, la imposición, el privilegio, la transa y la arbitrariedad se han convertido en la forma de entendimiento con ellos. Sin relleno ni respaldo ciudadano, Gobiernos y partidos sucumben ante esos factores de poder y, por lo mismo, sacrifican los intereses nacionales en favor de los intereses particulares de sus patrocinadores.
* * *
Hasta hoy, los anulistas no han conseguido nada. El canto de los partidos asegurando tenerlos presentes es música de fondo. Deben sostener y aumentar la presión hasta arrebatar, antes del 5 de julio, la convocatoria a un periodo extraordinario a realizarse por la actual Legislatura. Es ahora, no mañana. Exigir una acción legislativa clara, contundente y asertiva -se antoja, la reducción del número de integrantes del Congreso de la Unión, con aplicación al 2012- para, entonces, votar en vez de anular el voto.
Hay tiempo, poco, para darle contenido ciudadano al continente de los partidos. Otra cosa es fijarle fecha a la fractura.
sobreaviso@latinmail.com
martes, 9 de junio de 2009
Precisiones
sábado 6 de junio de 2009
LAURA CASTRO GOLARTE Los movimientos ciudadanos que proponen a los electores anular sus votos en las elecciones del 5 de julio, las locales en Jalisco para la renovación del Poder Legislativo y de munícipes de 125 ayuntamientos; y las federales para elegir a los legisladores de la Cámara de Diputados, ha generado un debate interesante y alentador, entre ciudadanos que manifiestan posturas diversas.
Desde la clase política, en cambio, la propuesta es rotunda y sonoramente descalificada y satanizada, al grado que, a sabiendas de que es diferente, enfatizan que no ir a votar deja en evidencia la irresponsabilidad cívica de quienes apoyan la idea.
Parece que no, pero esta manipulación de conceptos genera confusión.
Pues bien, no votar, es decir, ni siquiera asistir a la casilla electoral el día de la jornada, es lo que se conoce como abstencionismo. Ciudadanos que por alguna razón (incluso sin ella) no ejercen su derecho.
Anular el voto no es abstenerse. Los ciudadanos que toman esa decisión sí acuden a la casilla y optan por no entregar su valiosísimo voto a ningún candidato registrado.
Hasta ahora, la clase política (léase dirigentes de partidos políticos, candidatos, funcionarios públicos, líderes religiosos, caciques locales, cúpulas empresariales y sindicales) le han dedicado mucho tiempo a denostar a los promotores del voto nulo, pero en ningún momento han manifestado la más mínima preocupación con respecto a los motivos.
Rehuyen el análisis y, concentrados en su objetivo electoral del 5 de julio, no atinan a darse cuenta (y si acaso se percatan del fondo, la estrategia es errónea) de que la movilización de la ciudadanía tiene su raíz en una clase política que no funciona, es ineficiente, desoye las demandas ciudadanas, menosprecia y desestima la participación cívica, diseña y aprueba leyes a modo, es corrupta, manipuladora y autoritaria.
La descalificación que del movimiento están haciendo los partidos políticos, sus candidatos, organismos electorales y jerarcas de la Iglesia católica, sólo contribuye a fortalecer el convencimiento de muchos mexicanos y jaliscienses, de que desde el poder, se hacen oídos sordos a los gritos de la sociedad.
Se ha señalado que anular el voto “no contribuye al fortalecimiento de la democracia en México”, pero si hay un movimiento creciente para votar nulo, es porque la clase política es la que no aporta nada a esa democracia que tanto ensalzan y hacen como que practican.
Es una opción y atribución del ciudadano dar su voto al candidato de algún partido, también es una opción no votar y es una opción anular el voto… O qué ¿acaso no vivimos en democracia? Y, en todo caso, es una propuesta, no una imposición… precisando.
Desde la clase política, en cambio, la propuesta es rotunda y sonoramente descalificada y satanizada, al grado que, a sabiendas de que es diferente, enfatizan que no ir a votar deja en evidencia la irresponsabilidad cívica de quienes apoyan la idea.
Parece que no, pero esta manipulación de conceptos genera confusión.
Pues bien, no votar, es decir, ni siquiera asistir a la casilla electoral el día de la jornada, es lo que se conoce como abstencionismo. Ciudadanos que por alguna razón (incluso sin ella) no ejercen su derecho.
Anular el voto no es abstenerse. Los ciudadanos que toman esa decisión sí acuden a la casilla y optan por no entregar su valiosísimo voto a ningún candidato registrado.
Hasta ahora, la clase política (léase dirigentes de partidos políticos, candidatos, funcionarios públicos, líderes religiosos, caciques locales, cúpulas empresariales y sindicales) le han dedicado mucho tiempo a denostar a los promotores del voto nulo, pero en ningún momento han manifestado la más mínima preocupación con respecto a los motivos.
Rehuyen el análisis y, concentrados en su objetivo electoral del 5 de julio, no atinan a darse cuenta (y si acaso se percatan del fondo, la estrategia es errónea) de que la movilización de la ciudadanía tiene su raíz en una clase política que no funciona, es ineficiente, desoye las demandas ciudadanas, menosprecia y desestima la participación cívica, diseña y aprueba leyes a modo, es corrupta, manipuladora y autoritaria.
La descalificación que del movimiento están haciendo los partidos políticos, sus candidatos, organismos electorales y jerarcas de la Iglesia católica, sólo contribuye a fortalecer el convencimiento de muchos mexicanos y jaliscienses, de que desde el poder, se hacen oídos sordos a los gritos de la sociedad.
Se ha señalado que anular el voto “no contribuye al fortalecimiento de la democracia en México”, pero si hay un movimiento creciente para votar nulo, es porque la clase política es la que no aporta nada a esa democracia que tanto ensalzan y hacen como que practican.
Es una opción y atribución del ciudadano dar su voto al candidato de algún partido, también es una opción no votar y es una opción anular el voto… O qué ¿acaso no vivimos en democracia? Y, en todo caso, es una propuesta, no una imposición… precisando.
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